1.12.17

Este grito de alma aguda


Este grito de alma aguda,
alguien hay pidiendo ayuda,
suplicando a él se acuda...

¿Quién es, su voz, que reconozco?
¡Es mi misma voz, yo la conozco!
¡Soy yo mismo entre gritos espantosos!

29.11.17

El silencio


Si lo que más echaba en falta antes de entrar en la abadía era el silencio para ayudarme a estar en paz con Dios, una vez en ella se había convertido en un tesoro que la mayoría de monjes había llegado incluso a tener en consideración. Lo volvimos a recordar cuando un grupo de leñadores comenzaron las tareas de tala de un bosque cercano, y aunque situado en un monte a varios kilómetros, el eco de la maquinaria y motosierras se oía con notable claridad, más aún entre la profunda atmósfera de recogimiento de la abadía.

Pronto su molestia fue tal que nos impedía concentrarnos en nuestras oraciones, y tanto el abad, como mi confesor, me recomendaban que lo tomase como un acto de mortificación y un sacrificio que ofrecer, junto con mis pesares diarios, en honor al Señor, por supuesto también para la conversión de pecadores y las ánimas del Purgatorio y, también, en expiación de mis propios pecados y caídas.

22.11.17

Dejarlo todo


A medida que vamos cumpliendo años en el mundo, nos vamos llenando de más y más cosas, trastos inútiles a los que les otorgamos el título de "imprescindibles", y a algunos de ellos llegamos a entregarles el corazón y hasta la vida. Pasamos penurias y calvarios hasta obtenerlos, pensando que ese nuevo producto llenará el vacío que el anterior no pudo.

Pienso que los niños son los más desprendidos en este sentido, por eso Nuestro Señor nos recomienda su sencillez. Un niño puede encapricharse de un juguete, pero no pasa mucho tiempo hasta que lo abandona o se cansa de él, llegando a destrozarlo.

16.11.17

La visita


Encontrarme con mi hermana es, sin lugar a dudas, uno de los momentos más gratificantes de mi vida. Ella es una bendición del Cielo porque ella siempre me motiva y alienta en mi camino hacia la perfección cristiana. Cuando ella está a mi lado siento que puedo hacer lo imposible, y enfrentarme a todo.

Dios pone a nuestro lado ángeles que no vemos, y también ángeles que vemos en forma de personas que nos estiman y cuidan, o que nos ayudan a renovar nuestras fuerzas. Uno de esos ángeles es mi hermana.